El origen de los archivos MP3 más habituales
Habitualmente proceden de una grabadora de voz. Estos dispositivos graban con bitrates bajos —32, 48 o 64 kbps— para almacenar muchas horas en poco espacio. Para transcribir, esto no supone un problema: a ese nivel la voz se conserva completa, y lo que se elimina son frecuencias que no se emplean al hablar.
El otro origen frecuente es un vídeo del que ya se ha extraído el audio, o un pódcast descargado. Ambos suelen llegar a 128 kbps o más, más que suficiente. Comprimirlos antes de subirlos no aporta ningún beneficio: los minutos se calculan por duración, no por tamaño del archivo.